Archive for febrero, 2010

21/02/2010

Sin culpa

…estaba asfixiándose, la había envenenado, e intentaba en vano tragar una molécula de aire.

La mosca batía sus alas espasmódicamente. Solo por reflejo seguía describiendo círculos en el suelo. Aún vivía, pero ya no era capaz de controlar ese cuerpo pequeño y sus miembros se movían convulsionados e involuntarios.

La toxina se había apoderado de sus alas, de sus patas y de los palpos de su boca. Estaba muriendo, zumbaba desesperada, luchaba, como un loco atrapado en un chaleco de fuerza. Tenía aun conciencia, no era solo un cuerpo inerte, pero se contraía espasmódicamente  sin su voluntad, su cuerpo ya no le pertenecía. Le grité furiosa:

 -¡No debiste posarte sobre ese pan, no debiste aparearte con esa otra mosca sobre la comida!

 Usted podrá pensar cualquier cosa de mí, y aunque en el fondo me daba pena y me arrepentía, pensando en que nuestras larvas crecerían sin su padre, se lo merecía y ya no había vuelta atrás…

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21/02/2010

Adivinanza…

Muda,
Fría,
Oscura…

                       (La soledad)

21/02/2010

Todo es hoja y palabra

En esta hoja pondremos
cada uno lo que siente.
Primero yo unas palabras
y luego vos las siguientes.

Quizás yo ponga mis celos
y vos digas “el miente”
pero al fin, será nuestro cuento
lo que la gente interprete.

19/02/2010

La pelusa

Me sentí una pelusa, me convertí en una pequeña partícula que flotaba por el cuarto y te observaba mientras hacías la tarea con desgano. Ascendía y descendía, liviano, con cada uno de tus bostezos, producto del aburrimiento y del cansancio. Vos pensabas solo en salir a jugar, en correr a la vereda, en ir a buscar a Julián o a Estefanía y charlar en las hamacas o en ensuciarse las manos con tortitas de barro.

Yo flotaba en una atmósfera cálida y quieta a tu lado, hacía calor en la pieza, había olor al líquido ese que usaba tu mamá para limpiar el suelo de madera y se escuchaba el televisor en el comedor, era una casa prefabricada, pequeña.

Flotaba frente a vos. Al principio me paseaba sobre dos libros abiertos en el escritorio, cerca de tu cara, de tu boca, de tus manos que gastaban el lápiz dibujando letras sobre una hoja borroneada. Luego me elevé sobre tu pelo castaño, tus orejas y di vueltas cerca de la lámpara que colgaba del techo desde donde seguí observando. Te veía de cuerpo entero, sentada junto al escritorio con las piernas cruzadas, a tu izquierda la ventana mostraba entre las cortinas a tu vieja, que salía a hacer las compras y un patio pequeño con rosas rosas. El cuarto estaba muy ordenado e iluminado, en el centro había una alfombra marrón, al otro extremo una cama, sobre ella un gato despanzurrado y a su lado un espejo largo. Tu cabeza reposaba sobre tu mano izquierda y la otra llevaba el lápiz a la boca, que lo mordía y lo reducía cada tanto.

Yo entonces era un bollito de polvo magnetizado, naufragando en silencio por todo el cuarto, hasta que finalmente vencido por la gravedad me  posé sobre el suelo de madera, en la sombra espesa debajo de tu cama. Crujieron las maderas, tu padrastro se acercaba a tu cuarto. Ya no podía ver mas, solo tus pies pequeños y otros dos que se te arrimaban pesados.

Entonces recordé de pronto el espejo. A mi derecha lo reflejaba todo, en cámara lenta,  tus ojos pequeños, indefensos, tus pecas y la mueca triste de tu boca, tus trenzas apretadas, dos manos ásperas acariciando tu entrepierna y un gato echado sobre la cama lamiéndose las patas.

Yo solo era una pelusa cuando vos me lo contabas. Solo una pelusa llena de impotencia.

18/02/2010

Día D

Día uno, domingo, día D.

Día siguiente, feriado, todavía corre gas en la habitación.

Tercer día, papá me llama al móvil al mediodía, el teléfono vibra y camina sobre la mesa de luz. Vuelve a sonar otra vez a la noche, esta vez camina hasta el borde de la mesita y cae el suelo, abierto, una luz tenue ilumina la pieza, como una vela.

Cuarto día, papá va a casa a la mañana, necesita avisarme que se va de viaje. Golpea pero no obtiene respuesta. Nuevamente llama a mi móvil sin haberse alejado aun de la puerta (una casualidad). Comienza a sonar la batería de “live with me” de los Rolling Stones que dejé como ringtone, entonces papá descubre que mi celular está adentro. Decide espiar por la ventana, sus ojos me divisan acostado boca arriba sobre la cama entre una pequeña abertura que ha quedado entremedio de las cortinas. Nuevamente suena la puerta, cada vez con más fuerza, mi nombre repetido varias veces, golpes en la puerta hasta que dejan de tener el propósito de despertarme y salta la cerradura. Lo sacude el olor a gas, y al llegar a mi cama y tras sacudirme durante largos segundos, se entera. Mi cuerpo tiene olor a carne descompuesta.
Yo lo observo todo desde arriba, distendido, sentado en el borde de una nube con mis piernas colgando y abrazado a mi perro Hasi que se fue cuando yo tenía diez.

18/02/2010

Bahía Solano

Sucede siempre en días como estos,
cuando el viejo vuelve de pescar,
la red mojada se vuelve mas pesada sobre su hombro
y sus pies se entierran en la arena blanda.
A esta hora el sol se esconde detrás de los cerros
y el viento frío zumba cual fantasma
y le congela el alma.

Es la misma bahía que se la ha llevado,
solitaria y lejana la que la evoca,
por eso lleva la cabeza gacha, los ojos cerrados
y camina ciego sobre la playa.
Es por eso y no por el viento y la arena
que se arremolinan como un demonio.
Diablo recuerdo, que lo embiste y lo machaca
y la arena que se le cuela en la ropa,
en las botas de goma, en las orejas, en los ojos
y le parte la cara.

Son el olor a mar y a pescado,
y el gusto de la arena salada en su boca
quienes le impiden olvidarla,
a pesar de los años,
años largos como su barba.
Es la arena un recuerdo,
es un recuerdo hecho barro,
mezclada con mocos y mezclada con lágrimas.