Archive for ‘Cuentos cortos’

07/04/2010

Entre compañeros

 

Marcela lee a Agatha Christie y Carolina está en el escritorio de al lado durmiéndose, el sol entra por la ventana y le da de lleno en la nuca, por mas esfuerzo que hace para mantener los ojos abiertos, no puede, el calorcito de la siesta le gana. A esta hora la escuela está tranquila, todos los alumnos están en clases y cada uno se dedica a hacer algo para entretenerse, leer, chatear, o no hacer nada, como Carolina.

Víctor, que ocupa el escritorio junto a la puerta, toma mate y lee el diario. Marcos sigue renegando con la impresora, rompe el silencio:

-¡Esta impresora anda como el culo!

Marcela saca los ojos del libro y lo mira. Víctor también levanta la mirada y lo observa por encima de los pequeños lentes que usa para leer. Marcos tiene ganas de tirar la vieja maquina por la ventana. Carolina cabecea, ya no puede mantener su cuello firme.

-Bueno, hay culos y culos. –afirma Víctor y le pasa un mate a Marcos.

Éste arranca la hoja que quedó trabada en la impresora y la hace un bollo, se para y toma el mate mientras observa a la impresora como a un paciente enfermo y sin cura.

-hay culos que funcionan bastante bien –continúa Víctor y sonríe. Es una risa picara con algunas piezas dentales faltantes.

Marcela, que había vuelto a la lectura, sonríe, sabe a donde va dirigida la frase, lo siente como un piropo. Carolina casi se da un frentazo con el escritorio.

-Si, si, si- dice Marcelo devolviéndole el mate a Víctor.

–Algunos culos dejan una buena impresión.

Los tres sonríen y Carolina duerme.

05/04/2010

Alejandro Honor

Son tres situaciones que han tomado a Alejandro por sorpresa. Tres situaciones que hoy han herido su imagen y su orgullo.

Son situaciones hermanas, hijas de la ridiculez y nietas de la vergüenza. Embarazadas de embarazosa desgracia y que dan a luz nada más que un bajón en su autoestima.

La primera es leve pero hiere su imagen seria y conservadora. Sucede cuando aprieta el pomo de mayonesa y lo sorprende un sonido que hace imaginar a todos otra cosa. Eso a él lo avergüenza.

La segunda es una daga que apuñala su masculinidad. Camina por la calle y de pronto ¡PAFFF! Un motor fuera de punto explota y Alejandro en pleno centro pega un salto y grita como el maricón del siglo. Ésta es catastróficamente pública. (Le ha ocurrido otras veces en época de navidad, cuando los pendejos arrancan con los cuetes).

La tercera es patológica, es un globito de moco que se infla en su nariz cuando Mariana lo hace reír. No debió ir a su encuentro resfriado. Mariana mira hacia otro lado para disimular, pero Alejandro, que también se da vuelta para limpiarse, sabe que ella notó. Su orgullo fue fusilado contra un paredón.

Maldito el día de Alejandro.

31/03/2010

Accidentado pero feliz

¿Para que lado se enroscan y para que lado se desenroscan los tornillos? ¿La ranura de la llave va para arriba o para abajo? ¿Para qué lado se debe abrir una puerta, hacia adentro o hacia afuera? ¿Cual es la fría y cual la caliente? ¿La de la derecha es la fría? ¿Qué derecha? ¿Tu derecha o mi derecha?

Obviamente estas son preguntas que no se hizo jamás el tipo que nos alquiló la casa, o el que la refaccionó, quien sabe, pero quien sea que lo haya hecho es un fenómeno. La casa que alquilamos está llena de desperfectos, los observas desde que entras, cuando metés la llave y te encontrás con que la cerradura está al revés, con la ranura para arriba.

La puerta de la cocina es otro fenómeno, como quien la colocó y no exagero, se abre hacia afuera y no hacia adentro como todas las demás puertas, también está al revés. Cada vez que voy apurado en vez de tirar, empujo, como es costumbre. La puerta no se inmuta por supuesto, y por la urgencia y el envión termino llevándomela puesta. Me ha pasado varias veces en estos días.

La casa tiene varios detalles que hemos dejado pasar. Al fin y al cabo son solo detalles insignificantes. Algún día podremos irnos a algún lugar mejor, pero por ahora es lo mejor que pudimos pagar, y, a pesar de todo, es una casa amplia y muy bien ubicada. Pero lo mas importante es que tiene patio, hace rato lo buscábamos para que nuestra hija Malena pueda salir a jugar. Pero más allá de todo tengo que decir que el tipo éste tiene las coordenadas invertidas. Hoy descubrí un detalle más, uno que colmó mi paciencia, y de verdad me hirvió el culo.

Pedí el día libre en el trabajo para terminar con la mudanza y con algunos arreglos que nos quedan para poder establecernos definitivamente. Mariana si fue a trabajar y por una decisión de ella que aun no comprendo Malena no fue al jardín, se quedó en casa conmigo.

Después de darle la primera mano de pintura a la pared verde loro de la cocina, único detalle de pintura de la casa que queremos cambiar, me tomé unos mates. Eso me llevó indefectiblemente a estrenar el baño. Dejé la puerta abierta, para ver a  Malena que jugaba en el suelo con un balde y un rodillo. Que capacidad que tienen los chicos para entretenerse con cualquier cosa, pensaba. Male daba vuelta el tacho, lo golpeaba como a un tambor. Me senté en el bidé y abrí el agua.

Pasó aproximadamente un segundo hasta que pude percatarme de que el agua había salido hirviendo, y para esto el chorro caliente ya había hecho un estofado con mi recto. -¡Me cago en la puta! Grité y pegué el salto hacia alguna otra parte. Después me sujeté bien fuerte el esfínter tratando de mitigar el dolor punzante y estiré la otra mano para cerrar la llave, pero me volví a quemar.

Imaginen la situación, Malena mirando a su padre con los pantalones por el suelo, sujetándose el culo y gritándole al techo una tremenda puteada. Y el bidé que seguía tirando agua caliente como una fuente, mojando la pared y todo el suelo. La miré, volví a mirar el bidé, agarré una toalla, me cubrí, me zambullí bajo la lluvia hirviente con la toalla como caparazón y cerré la llave.

Tragué un poco de agua, pero me sentí satisfecho. Volví a mirar a Male que me miraba sorprendida, todavía no podía comprender que era lo que había pasado. Me sentí ridículo después, miré el desastre y la miré a Malena. –Me quemé. Le dije y se rió.

Insisto, el que hizo esto es un anárquico en lo que refiere a estas normas universales del uso de las cosas. Cualquiera sabe que la fría va a la derecha, la caliente a la izquierda, basta con ponerse a pensar un poquito. La situación fue el colmo de lo sanguinario. Espero no encontrarme con muchos detalles mas como estos.

En fin, tuve que terminar de limpiarme el traste y después limpiar el chiquero, pero Male me ayudó. Ella se siente feliz acá, canta en las piezas vacías, descubre objetos nuevos, vecinos nuevos y sale al patio a andar en triciclo. Y Mariana y yo somos felices con ella.

27/03/2010

Así fue.

…requiescant in pace.

-¿Qué le pasa a los <te quiero>? Me preguntó. Sostenía la caja en donde los guardabamos.

Un <tequiero> le había dicho a otro <tequiero>:

-¡Te quiero!

Y el segundo <tequiero> le había respondido:

-Te quiero también… Pero…

Los dos nos arrimamos a la caja y nos quedamos observando, incrédulos, habían dudado, y esa no era una actitud común entre nuestros <tequiero>.

El segundo <tequiero> después de un rato le dijo al fin al primero: ¡te quiero!. A lo que el primer <tequiero> le respondió:

-Es verdad, yo tampoco sé cuanto te quiero.

Ahí nos dimos cuenta de que los <tequiero> definitivamente se habían enfermado de <noseloquequiero>.

… no pudimos hacer nada. Poco a poco fueron muriendo todos los que teníamos.

06/03/2010

Don Roberto

-Está ahí, en el extremo de la mesa, con las piernas cruzadas, mirándonos ¿Ahora tampoco lo ves?

-¡No lo veo Carlos, dejá de joder!

 -¿Cómo que no lo ves? ¿No ves que está ahí sentado y que nos está escuchando?

 -Que pelotudo que sos Carlos ¿qué te pasa? No podés ser tan perverso.

 -¡Te estoy diciendo que está ahí, lo veo!

 -¿Si? A ver, decime, ¿que hace ahora?- Pregunta María irónicamente tratando de controlarse, de no gritar.

 -Se está tomando el vino María, se está tomando el vino ahora.

 -Estás loco Carlos, siempre es la misma historia con vos, no se porqué te pones tan pelotudo, ¿no ves que me herís?

 María estalla en lágrimas, corre al baño y se encierra. Carlos se queda un instante más apoyado en la pared donde ella lo había recibido y acorralado con besos y abrazos. Luego se dirige hacia la puerta del baño, la abre y desde allí la mira, está llorando y hecha un bollo sobre la tapa del inodoro, luego gira la cabeza y mira al viejo en la mesa y nuevamente la mira a ella como diciéndole <¿no ves?>.

María se levanta enojada y queda parada entre el inodoro y el lavatorio, desnuda, solo con el culote blanco, lo estaba esperando hace casi una hora desnuda, quería darle una sorpresa. A unos dos metros, bajo el marco de la puerta esta él, todavía con la ropa puesta.

María ahora sí habla casi gritando, entre llantos pero con un tono fuerte y firme:

-Hice todo lo que está a mi alcance para salvar nuestra relación Carlos, y seguís esa pelotudes, ¿no ves que me destrozas? ¿Porque tenés que joder con papá? ¿Porqué tenés que ser tan cruel? Podrías decirme de una buena vez por todas que ya no te atraigo más o que no me querés. No hace falta que me jodas con él, ¡no puedo creer que seas tan basura!

Sale del baño, Carlos intenta agarrarla del brazo, ella se zafa y comienza a vestirse y a juntar sus cosas rápidamente.

-No te quiero ver nunca más Carlos, ¡sos una mierda!, ¡una mierda sos!

Carlos se apoya en el marco de la puerta, mira el suelo, se siente perdido, sabe que se le va, pero qué mas puede hacer, que estupidez decirle que ve a su padre muerto, nunca se lo va a creer. El cuarto queda en silencio, mientras que María termina de vestirse, se coloca la hebilla en el pelo y se arregla la cara frente al espejo, recoge sus cosas y le dice, ya no llorando, sino seria y dispuesta a irse y no verlo nunca más:

-¡A la mierda con vos Carlos! Ojalá madures algún día, por vos te lo digo.- Y se va, dejando la puerta abierta.

Detrás de ella también sale el viejo, pero antes se termina el vino de un trago, le mete un tremendo tortazo a Carlos en la nuca y le dice:

-¡Te dije que no la jodieras pendejo!, ¡Te dije que no te quería cerca!

03/03/2010

Mozo Atrevido

-Escúcheme bien, ¡no joda!, ¿que azúcar ni que azúcar?

Le dice el mozo al cliente mientras sostiene debajo de su axila la bandeja plateada y agita la servilleta que sostiene en la otra mano como si estuviese limpiando el aire con un plumero.

 -El café es como la vida, un tanto amargo. Usted se lo va a tomar así como se lo sirvo. Si quiere algo mas dulce me hubiera pedido un capuchino ¡que carajo!

 El cliente ha quedado anonadado y lleno de vergüenza, todas las vistas del bar están fijas en su mesa. Luego mira al mozo que sigue gesticulando y mirando hacia arriba como miran los grandes filósofos cuando piensan, cavila. El mozo clava su mirada en los ojos pasmados del cliente y finaliza.

 -¡Rapidito me lo toma que se enfría! ¡Y se me deja de darle tantas vueltas a la cuchara!

01/03/2010

Futilidad

“Oh cuaderno de anotaciones diarias, oh implacable espejo de nuestra pobreza mental.  Libro que redactas nuestra vida, para corregirte debemos corregirnos, para enriquecerte, enriquecernos.”

(Adolfo Bioy Casares)

 

Martín prende la luz del velador y escribe en el libro de notas que guarda en la mesa de luz junto a su cama <Jugársela, elegir a una persona para compartir toda la vida es lo que no hace cualquiera, eso es el amor para mí, es eternidad>. Luego vuelve a apagar la luz y a recostar su cabeza sobre la almohada, pero no duerme.

 La pequeña habitación se encuentra totalmente a oscuras, todos los demás duermen en la pensión pues son ya las dos y media de la madrugada. Habría un silencio frío si no fuese por el sonido del viento enfurecido que sacude las ventanas, o el ruido del agua que fluye por las cañerías del baño.

Martín sigue pensando, no va a conciliar el sueño como hasta las cuatro o cinco de la mañana, lo sabe, porque es igual cada noche desde hace un tiempo, intenta  encontrarse con una respuesta.  Nocturno, sonámbulo,  su fastidio se enreda y desenreda a esta hora, espera a la noche y como el hombre lobo se convierte, en  palabras o frases sueltas, buscando un porqué a tamaño fracaso. Los sentimientos, desesperados, paradójicamente brotan cuando el sol se pone, y la luna llora encima del techo de chapa mal clavado. <La noche es el refugio de los melancólicos, el abrigo de los tristes, reúne a los solitarios, que son tantos como las estrellas> vuelve a anotar en su cuaderno de notas.

 Tiene bronca, mucha bronca, hacia ella y hacia él mismo, sobre todo eso, hacia él mismo. ¿Que lo ha llevado a creer nuevamente en el amor? ¿Porqué ha cometido el error de confiar y de entregarse sin condición? Una vez mas ha comprobado que el ser humano es un ser corrupto por naturaleza, y que todo aquel ingenuo como él terminará desolado. El mundo no está hecho para gente como Martín, el mundo es una trampa, y la trampa es un mundo, desconocido para él.

<En la soledad aprendemos a acariciarnos solos> piensa ¿Dónde leyó esa frase? No recuerda, vuelve a prender la luz y anota nuevamente. Luego se duerme.

21/02/2010

Sin culpa

…estaba asfixiándose, la había envenenado, e intentaba en vano tragar una molécula de aire.

La mosca batía sus alas espasmódicamente. Solo por reflejo seguía describiendo círculos en el suelo. Aún vivía, pero ya no era capaz de controlar ese cuerpo pequeño y sus miembros se movían convulsionados e involuntarios.

La toxina se había apoderado de sus alas, de sus patas y de los palpos de su boca. Estaba muriendo, zumbaba desesperada, luchaba, como un loco atrapado en un chaleco de fuerza. Tenía aun conciencia, no era solo un cuerpo inerte, pero se contraía espasmódicamente  sin su voluntad, su cuerpo ya no le pertenecía. Le grité furiosa:

 -¡No debiste posarte sobre ese pan, no debiste aparearte con esa otra mosca sobre la comida!

 Usted podrá pensar cualquier cosa de mí, y aunque en el fondo me daba pena y me arrepentía, pensando en que nuestras larvas crecerían sin su padre, se lo merecía y ya no había vuelta atrás…

19/02/2010

La pelusa

Me sentí una pelusa, me convertí en una pequeña partícula que flotaba por el cuarto y te observaba mientras hacías la tarea con desgano. Ascendía y descendía, liviano, con cada uno de tus bostezos, producto del aburrimiento y del cansancio. Vos pensabas solo en salir a jugar, en correr a la vereda, en ir a buscar a Julián o a Estefanía y charlar en las hamacas o en ensuciarse las manos con tortitas de barro.

Yo flotaba en una atmósfera cálida y quieta a tu lado, hacía calor en la pieza, había olor al líquido ese que usaba tu mamá para limpiar el suelo de madera y se escuchaba el televisor en el comedor, era una casa prefabricada, pequeña.

Flotaba frente a vos. Al principio me paseaba sobre dos libros abiertos en el escritorio, cerca de tu cara, de tu boca, de tus manos que gastaban el lápiz dibujando letras sobre una hoja borroneada. Luego me elevé sobre tu pelo castaño, tus orejas y di vueltas cerca de la lámpara que colgaba del techo desde donde seguí observando. Te veía de cuerpo entero, sentada junto al escritorio con las piernas cruzadas, a tu izquierda la ventana mostraba entre las cortinas a tu vieja, que salía a hacer las compras y un patio pequeño con rosas rosas. El cuarto estaba muy ordenado e iluminado, en el centro había una alfombra marrón, al otro extremo una cama, sobre ella un gato despanzurrado y a su lado un espejo largo. Tu cabeza reposaba sobre tu mano izquierda y la otra llevaba el lápiz a la boca, que lo mordía y lo reducía cada tanto.

Yo entonces era un bollito de polvo magnetizado, naufragando en silencio por todo el cuarto, hasta que finalmente vencido por la gravedad me  posé sobre el suelo de madera, en la sombra espesa debajo de tu cama. Crujieron las maderas, tu padrastro se acercaba a tu cuarto. Ya no podía ver mas, solo tus pies pequeños y otros dos que se te arrimaban pesados.

Entonces recordé de pronto el espejo. A mi derecha lo reflejaba todo, en cámara lenta,  tus ojos pequeños, indefensos, tus pecas y la mueca triste de tu boca, tus trenzas apretadas, dos manos ásperas acariciando tu entrepierna y un gato echado sobre la cama lamiéndose las patas.

Yo solo era una pelusa cuando vos me lo contabas. Solo una pelusa llena de impotencia.

18/02/2010

Día D

Día uno, domingo, día D.

Día siguiente, feriado, todavía corre gas en la habitación.

Tercer día, papá me llama al móvil al mediodía, el teléfono vibra y camina sobre la mesa de luz. Vuelve a sonar otra vez a la noche, esta vez camina hasta el borde de la mesita y cae el suelo, abierto, una luz tenue ilumina la pieza, como una vela.

Cuarto día, papá va a casa a la mañana, necesita avisarme que se va de viaje. Golpea pero no obtiene respuesta. Nuevamente llama a mi móvil sin haberse alejado aun de la puerta (una casualidad). Comienza a sonar la batería de “live with me” de los Rolling Stones que dejé como ringtone, entonces papá descubre que mi celular está adentro. Decide espiar por la ventana, sus ojos me divisan acostado boca arriba sobre la cama entre una pequeña abertura que ha quedado entremedio de las cortinas. Nuevamente suena la puerta, cada vez con más fuerza, mi nombre repetido varias veces, golpes en la puerta hasta que dejan de tener el propósito de despertarme y salta la cerradura. Lo sacude el olor a gas, y al llegar a mi cama y tras sacudirme durante largos segundos, se entera. Mi cuerpo tiene olor a carne descompuesta.
Yo lo observo todo desde arriba, distendido, sentado en el borde de una nube con mis piernas colgando y abrazado a mi perro Hasi que se fue cuando yo tenía diez.

18/02/2010

Bahía Solano

Sucede siempre en días como estos,
cuando el viejo vuelve de pescar,
la red mojada se vuelve mas pesada sobre su hombro
y sus pies se entierran en la arena blanda.
A esta hora el sol se esconde detrás de los cerros
y el viento frío zumba cual fantasma
y le congela el alma.

Es la misma bahía que se la ha llevado,
solitaria y lejana la que la evoca,
por eso lleva la cabeza gacha, los ojos cerrados
y camina ciego sobre la playa.
Es por eso y no por el viento y la arena
que se arremolinan como un demonio.
Diablo recuerdo, que lo embiste y lo machaca
y la arena que se le cuela en la ropa,
en las botas de goma, en las orejas, en los ojos
y le parte la cara.

Son el olor a mar y a pescado,
y el gusto de la arena salada en su boca
quienes le impiden olvidarla,
a pesar de los años,
años largos como su barba.
Es la arena un recuerdo,
es un recuerdo hecho barro,
mezclada con mocos y mezclada con lágrimas.