20/03/2010

Culinario

En un papel de cocina
Se me ocurre escribir un poema
Mi corazón esta lleno de penas
Pero además me crujen las tripas.
 
Mientras lo pienso pongo en la olla
Ajo picado y morrón
Y lloro como un maricón
Mientras pico la cebolla.
 
Mientras rehogo la mescoleta
Lleno la copa de vino
Este amor ya está perdido
Pienso y corto panceta.
 
Echo un caldo y las legumbres
Y revuelvo con la cuchara
El dolor poco a poco para
Quizá no era amor, sino costumbre.
 
Rodajas de longaniza
Y huevo duro picado
Este poema esta terminado
Por comer yo tengo prisa.
 
Pocas cosas se asemejan
Al amor verdadero
Y su “te quiero” vale menos
Que este guiso de lentejas.
06/03/2010

Al/en Pedalín

-Vos  Lidia sos mandarina y tortilla. Y vos Facundo sos chorro, maraca, traba, botón, zapato, lenteja, zoquete, salame y un perro… y me quedo cortina.

-¿y bocina?

 -¡Naranja!

-Dejalo Facundo, vamos, es un pancho.

06/03/2010

Don Roberto

-Está ahí, en el extremo de la mesa, con las piernas cruzadas, mirándonos ¿Ahora tampoco lo ves?

-¡No lo veo Carlos, dejá de joder!

 -¿Cómo que no lo ves? ¿No ves que está ahí sentado y que nos está escuchando?

 -Que pelotudo que sos Carlos ¿qué te pasa? No podés ser tan perverso.

 -¡Te estoy diciendo que está ahí, lo veo!

 -¿Si? A ver, decime, ¿que hace ahora?- Pregunta María irónicamente tratando de controlarse, de no gritar.

 -Se está tomando el vino María, se está tomando el vino ahora.

 -Estás loco Carlos, siempre es la misma historia con vos, no se porqué te pones tan pelotudo, ¿no ves que me herís?

 María estalla en lágrimas, corre al baño y se encierra. Carlos se queda un instante más apoyado en la pared donde ella lo había recibido y acorralado con besos y abrazos. Luego se dirige hacia la puerta del baño, la abre y desde allí la mira, está llorando y hecha un bollo sobre la tapa del inodoro, luego gira la cabeza y mira al viejo en la mesa y nuevamente la mira a ella como diciéndole <¿no ves?>.

María se levanta enojada y queda parada entre el inodoro y el lavatorio, desnuda, solo con el culote blanco, lo estaba esperando hace casi una hora desnuda, quería darle una sorpresa. A unos dos metros, bajo el marco de la puerta esta él, todavía con la ropa puesta.

María ahora sí habla casi gritando, entre llantos pero con un tono fuerte y firme:

-Hice todo lo que está a mi alcance para salvar nuestra relación Carlos, y seguís esa pelotudes, ¿no ves que me destrozas? ¿Porque tenés que joder con papá? ¿Porqué tenés que ser tan cruel? Podrías decirme de una buena vez por todas que ya no te atraigo más o que no me querés. No hace falta que me jodas con él, ¡no puedo creer que seas tan basura!

Sale del baño, Carlos intenta agarrarla del brazo, ella se zafa y comienza a vestirse y a juntar sus cosas rápidamente.

-No te quiero ver nunca más Carlos, ¡sos una mierda!, ¡una mierda sos!

Carlos se apoya en el marco de la puerta, mira el suelo, se siente perdido, sabe que se le va, pero qué mas puede hacer, que estupidez decirle que ve a su padre muerto, nunca se lo va a creer. El cuarto queda en silencio, mientras que María termina de vestirse, se coloca la hebilla en el pelo y se arregla la cara frente al espejo, recoge sus cosas y le dice, ya no llorando, sino seria y dispuesta a irse y no verlo nunca más:

-¡A la mierda con vos Carlos! Ojalá madures algún día, por vos te lo digo.- Y se va, dejando la puerta abierta.

Detrás de ella también sale el viejo, pero antes se termina el vino de un trago, le mete un tremendo tortazo a Carlos en la nuca y le dice:

-¡Te dije que no la jodieras pendejo!, ¡Te dije que no te quería cerca!

03/03/2010

Mozo Atrevido

-Escúcheme bien, ¡no joda!, ¿que azúcar ni que azúcar?

Le dice el mozo al cliente mientras sostiene debajo de su axila la bandeja plateada y agita la servilleta que sostiene en la otra mano como si estuviese limpiando el aire con un plumero.

 -El café es como la vida, un tanto amargo. Usted se lo va a tomar así como se lo sirvo. Si quiere algo mas dulce me hubiera pedido un capuchino ¡que carajo!

 El cliente ha quedado anonadado y lleno de vergüenza, todas las vistas del bar están fijas en su mesa. Luego mira al mozo que sigue gesticulando y mirando hacia arriba como miran los grandes filósofos cuando piensan, cavila. El mozo clava su mirada en los ojos pasmados del cliente y finaliza.

 -¡Rapidito me lo toma que se enfría! ¡Y se me deja de darle tantas vueltas a la cuchara!

01/03/2010

Futilidad

“Oh cuaderno de anotaciones diarias, oh implacable espejo de nuestra pobreza mental.  Libro que redactas nuestra vida, para corregirte debemos corregirnos, para enriquecerte, enriquecernos.”

(Adolfo Bioy Casares)

 

Martín prende la luz del velador y escribe en el libro de notas que guarda en la mesa de luz junto a su cama <Jugársela, elegir a una persona para compartir toda la vida es lo que no hace cualquiera, eso es el amor para mí, es eternidad>. Luego vuelve a apagar la luz y a recostar su cabeza sobre la almohada, pero no duerme.

 La pequeña habitación se encuentra totalmente a oscuras, todos los demás duermen en la pensión pues son ya las dos y media de la madrugada. Habría un silencio frío si no fuese por el sonido del viento enfurecido que sacude las ventanas, o el ruido del agua que fluye por las cañerías del baño.

Martín sigue pensando, no va a conciliar el sueño como hasta las cuatro o cinco de la mañana, lo sabe, porque es igual cada noche desde hace un tiempo, intenta  encontrarse con una respuesta.  Nocturno, sonámbulo,  su fastidio se enreda y desenreda a esta hora, espera a la noche y como el hombre lobo se convierte, en  palabras o frases sueltas, buscando un porqué a tamaño fracaso. Los sentimientos, desesperados, paradójicamente brotan cuando el sol se pone, y la luna llora encima del techo de chapa mal clavado. <La noche es el refugio de los melancólicos, el abrigo de los tristes, reúne a los solitarios, que son tantos como las estrellas> vuelve a anotar en su cuaderno de notas.

 Tiene bronca, mucha bronca, hacia ella y hacia él mismo, sobre todo eso, hacia él mismo. ¿Que lo ha llevado a creer nuevamente en el amor? ¿Porqué ha cometido el error de confiar y de entregarse sin condición? Una vez mas ha comprobado que el ser humano es un ser corrupto por naturaleza, y que todo aquel ingenuo como él terminará desolado. El mundo no está hecho para gente como Martín, el mundo es una trampa, y la trampa es un mundo, desconocido para él.

<En la soledad aprendemos a acariciarnos solos> piensa ¿Dónde leyó esa frase? No recuerda, vuelve a prender la luz y anota nuevamente. Luego se duerme.

21/02/2010

Sin culpa

…estaba asfixiándose, la había envenenado, e intentaba en vano tragar una molécula de aire.

La mosca batía sus alas espasmódicamente. Solo por reflejo seguía describiendo círculos en el suelo. Aún vivía, pero ya no era capaz de controlar ese cuerpo pequeño y sus miembros se movían convulsionados e involuntarios.

La toxina se había apoderado de sus alas, de sus patas y de los palpos de su boca. Estaba muriendo, zumbaba desesperada, luchaba, como un loco atrapado en un chaleco de fuerza. Tenía aun conciencia, no era solo un cuerpo inerte, pero se contraía espasmódicamente  sin su voluntad, su cuerpo ya no le pertenecía. Le grité furiosa:

 -¡No debiste posarte sobre ese pan, no debiste aparearte con esa otra mosca sobre la comida!

 Usted podrá pensar cualquier cosa de mí, y aunque en el fondo me daba pena y me arrepentía, pensando en que nuestras larvas crecerían sin su padre, se lo merecía y ya no había vuelta atrás…

21/02/2010

Adivinanza…

Muda,
Fría,
Oscura…

                       (La soledad)

21/02/2010

Todo es hoja y palabra

En esta hoja pondremos
cada uno lo que siente.
Primero yo unas palabras
y luego vos las siguientes.

Quizás yo ponga mis celos
y vos digas “el miente”
pero al fin, será nuestro cuento
lo que la gente interprete.

19/02/2010

La pelusa

Me sentí una pelusa, me convertí en una pequeña partícula que flotaba por el cuarto y te observaba mientras hacías la tarea con desgano. Ascendía y descendía, liviano, con cada uno de tus bostezos, producto del aburrimiento y del cansancio. Vos pensabas solo en salir a jugar, en correr a la vereda, en ir a buscar a Julián o a Estefanía y charlar en las hamacas o en ensuciarse las manos con tortitas de barro.

Yo flotaba en una atmósfera cálida y quieta a tu lado, hacía calor en la pieza, había olor al líquido ese que usaba tu mamá para limpiar el suelo de madera y se escuchaba el televisor en el comedor, era una casa prefabricada, pequeña.

Flotaba frente a vos. Al principio me paseaba sobre dos libros abiertos en el escritorio, cerca de tu cara, de tu boca, de tus manos que gastaban el lápiz dibujando letras sobre una hoja borroneada. Luego me elevé sobre tu pelo castaño, tus orejas y di vueltas cerca de la lámpara que colgaba del techo desde donde seguí observando. Te veía de cuerpo entero, sentada junto al escritorio con las piernas cruzadas, a tu izquierda la ventana mostraba entre las cortinas a tu vieja, que salía a hacer las compras y un patio pequeño con rosas rosas. El cuarto estaba muy ordenado e iluminado, en el centro había una alfombra marrón, al otro extremo una cama, sobre ella un gato despanzurrado y a su lado un espejo largo. Tu cabeza reposaba sobre tu mano izquierda y la otra llevaba el lápiz a la boca, que lo mordía y lo reducía cada tanto.

Yo entonces era un bollito de polvo magnetizado, naufragando en silencio por todo el cuarto, hasta que finalmente vencido por la gravedad me  posé sobre el suelo de madera, en la sombra espesa debajo de tu cama. Crujieron las maderas, tu padrastro se acercaba a tu cuarto. Ya no podía ver mas, solo tus pies pequeños y otros dos que se te arrimaban pesados.

Entonces recordé de pronto el espejo. A mi derecha lo reflejaba todo, en cámara lenta,  tus ojos pequeños, indefensos, tus pecas y la mueca triste de tu boca, tus trenzas apretadas, dos manos ásperas acariciando tu entrepierna y un gato echado sobre la cama lamiéndose las patas.

Yo solo era una pelusa cuando vos me lo contabas. Solo una pelusa llena de impotencia.

18/02/2010

Día D

Día uno, domingo, día D.

Día siguiente, feriado, todavía corre gas en la habitación.

Tercer día, papá me llama al móvil al mediodía, el teléfono vibra y camina sobre la mesa de luz. Vuelve a sonar otra vez a la noche, esta vez camina hasta el borde de la mesita y cae el suelo, abierto, una luz tenue ilumina la pieza, como una vela.

Cuarto día, papá va a casa a la mañana, necesita avisarme que se va de viaje. Golpea pero no obtiene respuesta. Nuevamente llama a mi móvil sin haberse alejado aun de la puerta (una casualidad). Comienza a sonar la batería de “live with me” de los Rolling Stones que dejé como ringtone, entonces papá descubre que mi celular está adentro. Decide espiar por la ventana, sus ojos me divisan acostado boca arriba sobre la cama entre una pequeña abertura que ha quedado entremedio de las cortinas. Nuevamente suena la puerta, cada vez con más fuerza, mi nombre repetido varias veces, golpes en la puerta hasta que dejan de tener el propósito de despertarme y salta la cerradura. Lo sacude el olor a gas, y al llegar a mi cama y tras sacudirme durante largos segundos, se entera. Mi cuerpo tiene olor a carne descompuesta.
Yo lo observo todo desde arriba, distendido, sentado en el borde de una nube con mis piernas colgando y abrazado a mi perro Hasi que se fue cuando yo tenía diez.

18/02/2010

Bahía Solano

Sucede siempre en días como estos,
cuando el viejo vuelve de pescar,
la red mojada se vuelve mas pesada sobre su hombro
y sus pies se entierran en la arena blanda.
A esta hora el sol se esconde detrás de los cerros
y el viento frío zumba cual fantasma
y le congela el alma.

Es la misma bahía que se la ha llevado,
solitaria y lejana la que la evoca,
por eso lleva la cabeza gacha, los ojos cerrados
y camina ciego sobre la playa.
Es por eso y no por el viento y la arena
que se arremolinan como un demonio.
Diablo recuerdo, que lo embiste y lo machaca
y la arena que se le cuela en la ropa,
en las botas de goma, en las orejas, en los ojos
y le parte la cara.

Son el olor a mar y a pescado,
y el gusto de la arena salada en su boca
quienes le impiden olvidarla,
a pesar de los años,
años largos como su barba.
Es la arena un recuerdo,
es un recuerdo hecho barro,
mezclada con mocos y mezclada con lágrimas.